Todo héroe tiene una historia de origen. “Tenía 10 años cuando comenzó todo el viaje”, explica Binish Desai. Todo empezó con una caricatura llamada Capitán Planeta, una serie animada de los años 90 sobre un ambientalista con superpoderes. Desai todavía puede recitar el estribillo del programa: ¡Capitán Planeta, es nuestro héroe / va a reducir la contaminación a cero! “Esa frase se quedó grabada en mi mente”, dice. “Quería hacer algo para ayudar a Capitán Planeta.””
El joven inventor y sus ladrillos ecológicos cierran el círculo
Binish Desai comenzó a trabajar en un ladrillo ecológico hecho a partir de materiales reciclados y residuos cuando tenía apenas 11 años. Este exalumno del programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary, inventor y emprendedor, reconoce que fue Rotary quien le dio el impulso para perseguir sus sueños. Hoy, está retribuyendo ese apoyo a través de un nuevo club rotario.
Por Geoffrey Johnson | Fotografía de Chaitali Mitra
Creciendo en Valsad, una ciudad del mar Arábigo en el oeste de la India, Desai también era fanático de El laboratorio de Dexter, otra serie animada, esta sobre un niño científico. “Así que creé mi propio laboratorio en una esquina de la sala, dentro de un mueble para televisor. Y siempre cargaba algo que llamaba ‘la bolsa de ideas’, donde anotaba diferentes innovaciones mías”.
Por ejemplo, al aprender en la escuela sobre la evaporación y la condensación, se dio cuenta del vapor que escapaba de la olla a presión cuando su madre cocinaba. Diseñó un dispositivo para capturar ese vapor, que luego se convertía nuevamente en agua —la cual podía usarse para regar las plantas. “Esa fue mi primera invención”, cuenta.
“En este mundo, nada es inútil”, afirma Desai. “El concepto de desperdicio no existe en la naturaleza. Es el consumo humano el que lo crea, así que es nuestra responsabilidad eliminarlo. Y en el proceso de convertir basura en tesoro, también podemos generar mucho empleo”.
Una vida inventando
Casi dos décadas después de ver Capitán Planeta —Desai cumple 27 este mes—, ha desarrollado más inventos, fundado y perdido una empresa, creado con su esposa varios centros de empoderamiento femenino, y en general, ha ideado maneras de mejorar la vida de todos en su comunidad, entendida de forma muy amplia. Un elemento central de su éxito ha sido su vínculo con Rotary, una relación que comenzó gracias a una conexión familiar y se consolidó con un año como estudiante de intercambio en Estados Unidos. Hoy, como miembro fundador del Rotary Club of Vibrant Valsad, su vida rotaria ha despegado.
Alguien debería darle una capa a este joven.
Cuando tenía 11 años, su mejor amigo pegó un chicle masticado debajo de una mesa escolar, y —por cosas del destino— terminó adherido a los pantalones de Binish. Lo despegó como pudo, lo envolvió en un trozo de papel con la intención de tirarlo al final de la clase... pero se olvidó. Al sacarlo del bolsillo al final del día, estaba completamente duro. “Pensé: esto es diferente”, recuerda. “Dije, OK, puedo hacer piedra con esto. Solo era un niño curioso tratando de entender por qué ocurrió eso”.
Al mismo tiempo, en la escuela, aprendía sobre las condiciones en que vivían millones de personas en barrios marginales insalubres. Se propuso una nueva meta: algún día construiría la casa más barata del mundo —y lo haría con ladrillos de chicle y papel reciclado.
Con el tiempo, experimentó con diferentes proporciones e ingredientes para perfeccionar su ladrillo. Hizo moldes de cartón y diseñó pequeños ladrillos resistentes con los que planeaba construir una casa de muñecas. “No tenía idea de cómo hacerlo”, dice. “Iba a cibercafés a buscar información en internet. Así aprendí lo básico sobre cómo construir una casa”.
A los 15 años, completó la casa de muñecas usando sus ladrillos. Había comprobado que su idea podía funcionar. “Empecé a contarle mi plan a mi familia y amigos”, recuerda. “La gente se reía. ‘Estás loco. ¿Cómo vas a hacer algo con papel y chicle? No va a funcionar’”.
Encontrando confianza en el Intercambio Juvenil de Rotary
A los 15 años, Desai se describe como un introvertido con poca autoestima. Las burlas sobre sus ideas lo hicieron dudar de sí mismo. Pero el destino le tenía preparado otro giro.
“En 2009 fui seleccionado para el programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary”, dice. “Por eso le debo mucho de lo que soy hoy a Rotary”.
Aunque había postulado a un intercambio corto, todo cambió cuando fue a su entrevista. Les habló a los rotarios sobre su plan de construir la casa más barata del mundo —y por fin encontró a una audiencia receptiva. Lo alentaron a aplicar a un intercambio largo, y terminó cursando un año en Waukegan High School, en Illinois.
Una noche, durante una cena con pollo frito, se soltó completamente. Dejó atrás su timidez y empezó a contarles a sus padres anfitriones, Patrick Jimerson y Theodora “Teddy” Anderson, sobre sus ladrillos y su sueño. Después de escucharlo con atención, Jimerson le preguntó si tenía una patente. (No la tenía). También le sugirió que podía convertir esto en una carrera.
Al final del año, Desai ya era otra persona. “Era amigo de todos, hablaba con cualquiera. Empecé a compartir mi visión del mundo.” Con ayuda de Jimerson, logró patentar la fórmula de sus ladrillos. Y cuando regresó a la India, tenía claro hacia dónde quería ir.
Jimerson falleció en 2016, pero Desai regresa cada diciembre a Waukegan para visitar a Anderson, como le prometió. “El Intercambio de Jóvenes de Rotary te cambia para siempre”, dice. “Una vez que eres estudiante de intercambio, lo eres toda la vida. Ahora tengo familia en todo el mundo.”
Fundando una empresa ecológica
Al volver a casa, anunció su plan de fundar una empresa —B-Dream— para fabricar ladrillos ecológicos con chicle y papel reciclado. La reacción fue mayoritariamente negativa. Un perfil en un periódico local concluía (según recuerda Desai) que era “o un genio inmenso o la persona más loca que he conocido. Solo el tiempo lo dirá”.
Incluso sus padres dudaban, convencidos de que su hijo iba a desperdiciar su vida en una “fantasía”. Parte de su preocupación tenía que ver con cómo lo vería la sociedad de Valsad. “Mi familia era muy conocida en la comunidad”, dice Desai. “Trabajar con basura siendo de una familia prominente era un tabú. ‘Está desprestigiando el nombre familiar.’ Toda esa presión hizo que mis padres pensaran que no podían apoyar esta locura mía.”
Pero Desai no se rindió. Se inscribió en la universidad Veer Narmad South Gujarat, donde se graduó en biotecnología (y más tarde en ingeniería ambiental). Durante sus estudios, convenció a una papelera local de cederle un estacionamiento abandonado a cambio de encargarse de parte de sus residuos —por mucho menos dinero del que pagaban a otra empresa. También logró que una fábrica de chicles le entregara sus restos de producción.
Con estos materiales y su fórmula patentada, tenía todo lo que necesitaba.
Trabajando solo en ese estacionamiento, Desai comenzó a fabricar ladrillos. “Yo era el obrero”, dice. “Solo tenía dos o tres horas al día, porque llegaba al anochecer y al día siguiente debía tomar un tren temprano para ir a la universidad.” A pesar de las dificultades, tras ocho meses tenía 4,000 ladrillos. La papelera necesitaba una caseta para su vigilante, y Desai la construyó —demostrando que su visión era viable. (Con el tiempo, la caseta se desmontó y los ladrillos fueron reutilizados para construir su oficina actual). “Había construido mi primera casa”, dice Desai. “Ahora era momento de empezar la producción en masa.”
Aprende mas sobre: Binish Desai y su historia: Rotary.org